¿Qué tan eficientes somos en materia climática?

Se suele hablar, a la hora de comparar la contaminación de los distintos países, de emisiones totales, emisiones per cápita, emisiones totales acumuladas desde la Revolución Industrial, etc. Aquí queremos llamar la atención sobre una medida que nos hable acerca de la eficiencia. Ya que se contamina para producir y consumir, pues ¿qué tanto se contamina por cada unidad producida…?
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Tomemos un indicador del costo ambiental derivado de la actividad económica de un país. En particular, referido al calentamiento global. Es difícil encontrar una variable clara y exacta que permita valuar la externalidad negativa que representan las emisiones de gases de efecto invernadero. No obstante, sí es posible afirmar que, a mayores emisiones, mayores costes de cambio climático. Ahora bien, en muchas ocasiones los países han debatido y continúan debatiendo acerca “cuáles” mayores emisiones. Por ejemplo, China emite más en total que EE.UU. Pero China podría argumentar que las emisiones por habitante son considerablemente inferiores que aquellas del habitante promedio de EE.UU. Otro punto a favor del coloso asiático sería también el hecho de que las emisiones acumuladas históricamente por EE.UU. son mayores que las de China. Dada la permanencia de los GEI en la atmósfera por un tiempo prolongado, así como por un criterio de justicia para el desarrollo (una “cuota” de emisiones necesaria para desarrollarse económicamente), este punto parece ser muy importante.

Todas estas interpretaciones son interesantes. Sin embargo, tratando de incorporar una visión más económica a fin de cumplir el objetivo inicial, es preferible adoptar un criterio de eficiencia productiva. El indicador que parece más adecuado al respecto son las emisiones por dólar PPA producido. Esto implica cuánto se emite por “cada cosa” que un país produce. Aquí lo tomaremos como una variable proxy de qué tan eficiente ambientalmente es cada país. Es decir, cuánto tiene que contaminar para producir un bien determinado (en promedio). A mayor valor del indicador, más contamina por dólar producido (mayor costo, menor eficiencia). El World Bank publica los kilogramos de CO2 por dólar producido (PPA). Si comparamos algunos de ellos…

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Como se ve, China consistentemente necesita emitir más para producir una unidad promedio de bienes que EE.UU., aunque ambos se están volviendo más eficientes desde hace 20 años (y China mejora más rápidamente que EE.UU.).

 

Lo que aquí queremos indicar es que, quizás, a la hora de comprar un artículo, muchas veces su precio no refleja ciertos costos que sí existen y que se diluyen, en este caso, entre toda la sociedad.

 

Introduzcamos algunos números… en 2018 EE.UU. emitió 0,24 kg de CO2 por dólar producido, y China 0,47. Supongamos que, hipotéticamente, un producto de China cuesta 80 dólares y el mismo producto “Made in USA” cuesta 100 dólares. Así, el productor chino sería 20% más eficiente en comparación con el productor estadounidense. Pero, si consideramos que el precio no incorpora el costo climático, y ponemos un precio por tonelada de CO2 de 10.000 dólares, entonces el diferencial de costo climático sería (10.000/1.000)*(0,47-0,24)=23 dólares. Con lo cual, el diferencial de costos totales ya no sería de 20 dólares a favor del productor chino, sino de 3 dólares a favor del estadounidense. 

Con esto queremos remarcar la importancia del costo climático al considerar la eficiencia productiva de los países (y, por lo tanto, cuál produce más barato realmente). Ahora bien, en el ejemplo inventado anteriormente los supuestos son fuertes: la tonelada de CO2 no está ni cerca de llegar a los 10.000 dólares. Y, a decir verdad, tampoco sabemos si estaría bien ese precio. La cuestión de la valuación del daño ambiental es sumamente compleja.

 

Pero, más allá de una correcta valuación profesional, se sabe que los efectos del cambio climático serán colosales, en el mediano y sobre todo en el largo plazo. Los de un drástico cambio de la estructura productiva en aras de reducir rápidamente las emisiones también serían altísimos en el corto plazo (por ejemplo, en términos de empleo).

 

El precio del carbono reflejaría, bajo este punto de vista, cuánto estamos dispuestos/as a sacrificar hoy para estar mejor mañana. Francamente, dejando de lado las cuestiones técnicas, creemos que no hay una respuesta correcta. Depende de cada una de las personas de este planeta esa decisión. Depende de ustedes.

Autor: Lucas Castellini, Licenciado en Economía